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Este artículo se fija en la parte material de un sistema de calefacción, un aspecto de gran importancia –según indica- ya que una pequeña diferencia para reducir costes puede tener una repercusión sobre el consumo, e incluso sobre el confort, que estaremos pagando durante muchos años, y que a largo plazo supondrá un coste muy superior a la diferencia ahorrada en un principio.

Emisor compacto en su almacenaje y ligero en su transporte
La primera fase de una instalación eficiente es su almacenaje en la obra. En el momento de la construcción de las viviendas generalmente se dispone de poco espacio de almacenaje. Además, debido a la complejidad de transporte por todas las estancias hemos de buscar emisores que no sólo ocupen poco espacio sino que, dentro de lo posible, pesen poco.
Los radiadores de bajo contenido de agua y poca masa, cumplen estos requisitos. Su almacenaje y distribución por la obra es mucho más rápido y cómodo. De esta manera podremos ahorrar en tiempo de desplazamiento de los equipos por las viviendas, con un menor coste humano, tanto en número de personas como en esfuerzo físico.

No agresivo en la instalación
La eficiencia de un radiador también se mide con lo que se ahorra en su instalación y colocación. Los radiadores de bajo contenido de agua cuentan con la característica de tener sus tomas a la misma mano y a 15 cm del suelo (retorno 15 cm impulsión 20 cm). Así reduciremos la agresión a la pared mediante una única roza de mitad de altura (en los casos de un radiador convencional con llave arriba). De esta manera no se rompe la estructura de la pared más que haciendo una roza desde la base del suelo hasta 20 cm de altura, manteniendo al máximo las condiciones de insonoridad y aislamiento térmico de la pared. Además ahorramos materiales, ya que el tramo de tubería es ahora más corto.
Otro de los requisitos para la instalación eficiente de un radiador es la sencillez, es decir, que podamos con una misma “regla” realizar la instalación de tuberías para todos los radiadores del edificio. Ahorrará tiempo. Además, en el caso de pladur, un simple taco especial será suficiente para soportar el poco peso del total del radiador (menor masa y menor contenido de agua).

Dimensionamiento óptimo
Los radiadores han de poder adaptarse en su tamaño (altura, anchura y profundidad) para ser más eficientes. Esto significa que cubrirán con su emisión y tamaño el rango completo de posibles necesidades de una obra, es decir, desde el equipo más pequeño y bajo, hasta el más grande y alto. Sin límites nada más que físicos.
De esta manera, con un radiador de bajo contenido de agua podremos dimensionar hasta los 300 cm de longitud con unas emisiones por encima de los 11.000W en un mismo equipo y sin comprometer la hidráulica de la instalación. O también colocar en el salón de una vivienda convencional en vez de dos, un único radiador (H= 60cm L= 110cm) que emite 2.100Watt, así podremos eliminar puntos de instalación, y con ello conseguir óptimos rendimientos con mínimos costes.


Posibilidad de instalar en 2 fases
Es de sobra conocido el poco cuidado que se tiene durante la construcción de una obra nueva con los equipos que se van instalando. Estos equipos están sujetos a sufrir agresiones en su estructura que pueden debilitar o estropear tanto su aspecto exterior como su funcionamiento, eliminando estos golpes las garantías dadas por los fabricantes. Esto ocurre con cocinas, puertas, inodoros, radiadores, etc. Para evitar estos accidentes, los emisores de bajo contenido de agua se pueden instalar en dos fases, una primera, en la que se instalarían el intercambiador de calor, las llaves y valvulería para completar y tener terminada la instalación hidráulica, y una vez acabada la obra, justo antes de su entrega, poder colocar las carcasas sin que hayan sufrido ninguna agresión ni golpe, disponiendo de toda la belleza estética de un producto nuevo y un funcionamiento operativo óptimo.


Sostenibilidad: bajo mantenimiento, garantía, reciclaje…
La Sostenibilidad es un concepto que se baraja constantemente en la sociedad actual, pero que es mucho más extenso de lo que a priori se entiende para un producto de los ahora llamados ecológicos.
Para poder cuantificar la sostenibilidad de un producto cualquiera hemos de realizar un estudio de todo su ciclo de vida (LCA, Life Cycle Analysis) desde el origen de la materia prima utilizada en su construcción, hasta el reciclado de sus materiales una vez que acaba su vida útil.
Entonces, y en primer lugar, hemos de fijarnos en la selección de los materiales de fabricación y buscar que sean altamente reciclables o que tengan un impacto ambiental lo más bajo posible.

Experimentos con la climatizació

O también, en la medida que sea posible, utilizando materiales ya reciclados. La cantidad de material a utilizar también es importante, de forma que los radiadores con una baja masa necesitarán, por tanto, una menor cantidad de material, y provocarán un menor impacto ambiental. Además, en la fabricación, hemos de evaluar y cuantificar la energía y los residuos que se generan, así como el uso que se le dan a los sobrantes de material reciclable que se obtiene después de la producción.
Una vez manufacturado el producto y cuantificado el impacto de cada uno de sus componentes y procesos, se estudiará en el departamento de logística donde ha de optimizarse la forma de empaquetar el producto y los medios de transporte y entrega en el lugar de destino. Un radiador que esté optimizado en tamaño y peso para el transporte va a tener un importante ahorro de recursos tanto en el número de expediciones como en el reparto a pie de obra.
La sustitución de plásticos no reciclables del packaging por otros materiales como el cartón más fáciles de reciclar, y la posibilidad de añadir una segunda función como protección de los radiadores una vez instalados y hasta que la obra está totalmente finalizada, aumentan su utilidad frente a su impacto, dando un mayor valor en términos de sostenibilidad.
Durante el transporte y la instalación el emisor puede sufrir daños por factores externos. Una restitución al estado óptimo original ha de tener una repercusión mínima sobre el producto total. De esta manera, una gran modularidad del mismo nos garantiza que el cambio de una de sus partes dañadas sea un porcentaje mínimo frente al producto completo. Este valor añadido se prolonga a lo largo de toda su vida útil, incluso en futuras reformas se puede, con un coste muy reducido, cambiar únicamente la carcasa manteniendo la instalación y el interior intactos.

 

Vida útil del radiador
Durante su uso hay que tener muy en cuenta la vida útil del radiador. Cuantos más años se mantenga en funcionamiento, menor será su impacto ambiental. Para evaluar cual será la vida de un radiador hemos de fijarnos a priori en varios factores:
-Que los materiales no sufran corrosiones que acorten su vida.
El contacto del agua con el aluminio o el hierro origina problemas de corrosión y emisiones de gases en el circuito que además de influir en el rendimiento y en el confort acortan la vida útil del radiador.
Los radiadores en los que el agua únicamente entra en contacto con el cobre y el latón de las válvulas no sufrirán problemas de corrosión, por lo que estos son los materiales más recomendables en la selección del mismo.
-Amplias garantías de producto.
Un radiador, que esté probado a altas presiones de agua, hasta los 20 Bares, asegura la solidez del producto.
Contar con periodos de garantía de hasta 30 años nos dan la confianza de tener un producto en el que la presión sobre el medio ambiente queda repartida a lo largo de todos los años de funcionamiento.
-Mantenimiento sencillo.
Es importante que el mantenimiento a lo largo de la vida útil sea el mínimo posible, y que en caso de avería o simplemente por estética se pueda reparar o cambiar con facilidad cualquier parte de sus componentes.
-Eficiencia energética.
La calidad de un producto no viene dada sólo por la calidad de los materiales, sino también por el buen funcionamiento del mismo, y esto en un radiador es emitir la mayor cantidad de calor posible con la mínima cantidad de energía, es decir, que tenga una buena eficiencia energética y que además esta tecnología nos aproxime al máximo a los sistemas futuros que tienen una clara tendencia a trabajar con bajas temperaturas de impulsión.
Al final de su vida útil, ya sea por cambio, reforma o por la aparición de otros sistemas más eficientes o convenientes, se ha de recuperar al máximo la presión que se originó en la fabricación del producto.
Esta recuperación vendrá dada por la reciclabilidad de los materiales empleados en cada una de sus partes.
Si el balance de impacto ambiental de todo el ciclo de vida frente al servicio que ha dado y la recuperación de materiales para su reciclaje es positivo es que tenemos un producto sostenible.

Mínima utilización de agua en edificios
Debido al gran valor que nuestra sociedad otorga al agua, uno de los datos a tener en cuenta al instalar radiadores con bajo contenido de agua es el ahorro que se produce en el llenado del circuito de calefacción, ya sea para la puesta en marcha como por posibles vaciados por averías. Tras una comparativa de contenido de agua por cada 1.000 Watios de emisión encontramos que en un moderno emisor de bajo contenido de agua se utiliza 0,51 litros, frente a los 2,5 litros en un radiador de aluminio o los 5 y 7 litros de los radiadores de chapa de acero y hierro fundido respectivamente. Si llevamos estos datos a un caso práctico de un edificio de cinco plantas con cuatro viviendas por planta con una media de 9.000 Watios por vivienda instalados, contando la cantidad de agua que contienen los emisores, ya que el contenido de la instalación debería ser idéntico en todos los casos. Como resultado obtenemos que instalando radiadores de bajo contenido de agua conseguimos un ahorro que va desde los 18 a los 58 litros por vivienda. Para nuestro edificio completo llegamos a hablar de ahorros de agua de 358 hasta 1.168 litros.


Instalación eficiente. Factores para un buen funcionamiento de un emisor de calefacción
Hemos analizado la eficiencia en la manera que un radiador emite calor hacia una estancia, pero no menos importante es la manera en que ese calor llega hasta el radiador. De una correcta instalación depende en gran medida el buen funcionamiento y el confort que nos ofrece el radiador.
En un país nórdico de referencia, fabricantes de radiadores, calderas y grandes instaladoras se han reunido para analizar los problemas de las instalaciones y establecer las bases para unos estándares que reduzcan los problemas y ofrezcan un rendimiento óptimo de las mismas. Uno de los puntos en común fue la reducción del uso de instalaciones monotubo dadas las carencias, posibles fallos y bajo rendimiento de las mismas.
Otro de los puntos tratados fue el dimensionamiento de las instalaciones, actualmente existe una tendencia de reducción de costes de la construcción, esto ha llevado a una reducción del espesor de hormigón del suelo y en consecuencia, se han reducido las secciones de los tubos de los ramales principales y se han tendido a reducir o eliminar los aislamientos de los mismos. Menores secciones, sin aislamiento y con la misma potencia instalada han hecho que en demasiadas ocasiones ni el caudal, ni la temperatura del agua fueran aquellas para las que se calcularon las instalaciones. Por lo que se recomendó correcto dimensionado con suficiente margen en la instalación hasta los colectores y no utilizar tubos inferiores a 15/1 mm cobre y 16/2 sintético o multicapa como llegada a los radiadores, pudiendo variar al alza si así fuera necesario. También se recomienda un equilibrado hidráulico del circuito desde válvulas termostáticas con doble ajuste que nos regule la buena circulación de todo el sistema. Por último, ha de contarse con un dimensionado correcto de la caldera, según la potencia instalada, ya que es la que va a aportar la energía al sistema, además de un ajuste y mantenimiento que asegure su buen funcionamiento.
Renovación de aire.

 

La calidad del aire interior ofrece una mejor calidad de vida
La mejora cualitativa del aislamiento en las viviendas supone un gran avance en el ahorro energético, pero tanto en edificios públicos como en viviendas, y en general en todos aquellos lugares donde habitan personas, la concentración de CO2 puede incrementarse rápidamente provocando diversas consecuencias, como pérdidas de concentración, dolores de cabeza, nauseas, agresividad; además de un aumento de la humedad y las condensaciones, que favorecen la aparición de hongos y olores con una pérdida de calidad de vida y salubridad.
Por todo esto, se hace cada vez más importante el incorporar a las instalaciones sistemas de renovación de aire que garanticen la calidad de aire interior con un consumo mínimo de energía.
La forma óptima de renovación es con un sistema mixto de aporte y extracción controlado con sensores de CO2 y humedad, que modulen el volumen da aire aportado en base a mantener la óptima calidad de aire interior con el mínimo consumo energético y evitando en lo posible el uso de conductos de difícil limpieza que puedan originar problemas de salubridad. (...)


Extraido de:
CLIMA NOTICIAS
Nº 143 / Febrero 2008

Por José Vicente Zamora,
Departamento de Diseño y Productos Jaga España, Conves Termic, S.L.

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